Washington y Tel Aviv han iniciado una ofensiva de tres semanas contra Teherán sin una meta final clara. Los objetivos militares y políticos revelan estrategias contradictorias sobre el desenlace final del conflicto. Analistas señalan que la degradación militar no garantiza un fin rápido de las hostilidades.
Los ataques iniciales buscaron paralizar la toma de decisiones mediante la eliminación de líderes políticos e militares. Posteriormente, la priorización se desplazó hacia infraestructuras de seguridad interna y grupos paramilitares. La destrucción de instalaciones energéticas marca una nueva fase de presión sobre la población civil.
Hamidreza Azizi del Instituto Alemán para Asuntos Internacionales y de Seguridad describe tres fases operativas. La primera fase aplicó una doctrina de shock y awe contra el liderazgo político y militar iraní. La segunda etapa se centró en erosionar la capacidad de mantener la seguridad doméstica.
Los bombardeos en el gasoducto South Pars provocaron retaliaciones contra instalaciones en Catar y Arabia Saudita. El presidente Trump criticó públicamente a Israel por lanzar el ataque sin aprobación previa de Washington. Esta discordia pública subraya las divergencias estratégicas entre los aliados occidentales y el estado judío.
Datos del proyecto ACLED muestran 1,434 eventos de ataque contra Irán frente a 835 en represalia. Apenas una fracción de los objetivos se centraron en las instalaciones nucleares desde el 28 de febrero. La administración estadounidense afirma haber destruido más de 7,800 blancos con 8,000 misiones de combate.
Clionadh Raleigh de ACLED explica que la capacidad de misiles balísticos iraníes está funcionalmente destruida. Sin embargo, la doctrina de mosaico permite a Teherán mantener una guerra de desgaste prolongada. La inteligencia de EE.UU. indica que el régimen permanece intacto aunque significativamente debilitado.
Jason Campbell del Instituto de Medio Oriente advierte sobre una escalada hacia infraestructuras civiles y militares. El despliegue de bombas bunker-buster en la costa del estrecho de Ormuz sugiere un giro estratégico mayor. Expertos cuestionan la viabilidad militar de tomar control del estrecho sin tropas terrestres masivas.
El secretario de Defensa Pete Hegseth solicitó 200,000 millones de dólares para sostener el esfuerzo bélico. Aseguró que los golpes previos dieron a Washington control sobre el destino de Irán. Sin una solución diplomática, el conflicto podría extenderse por años sin borrar la amenaza estratégica.
La directora de Inteligencia Nacional Tulsi Gabbard alertó sobre el riesgo de reconstrucción de fuerzas de misiles. El programa nuclear iraní ha sido menos afectado que otras infraestructuras militares clave. La destrucción completa de estas capacidades requeriría operaciones terrestres complejas.
El cierre efectivo del estrecho de Ormuz por parte de Irán complica cualquier salida diplomática para Washington. Los analistas prevén que la inestabilidad persistirá mientras no exista un acuerdo político viable. La región enfrenta un escenario de confrontación prolongada con impactos económicos globales.