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Fuerzas kurdas retroceden mientras aliados de EEUU apoyan al nuevo líder sirio

Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), aliadas clave de Washington contra el Estado Islámico, enfrentan un repliegue ante el avance del gobierno central sirio, ahora respaldado por Estados Unidos. Este cambio geopolítico ocurre tras la toma de poder en Damasco por Ahmed al-Sharaa, exlíder yihadista, lo que genera temores sobre la seguridad de prisioneros de ISIS.

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Syrian Kurdish Forces Retreat as US Allies Back New Damascus Regime
Syrian Kurdish Forces Retreat as US Allies Back New Damascus Regime

Comandantes kurdos veteranos expresan un profundo sentimiento de traición por parte de Estados Unidos, su antiguo socio en la lucha contra el Estado Islámico (ISIS) en Siria e Irak. El comandante Azad, herido en combate, lamenta el giro de Washington, que ahora respalda firmemente al presidente interino sirio, Ahmed al-Sharaa, quien asumió el poder en diciembre de 2024.

En las últimas dos semanas, las tropas gubernamentales han recuperado territorios ricos en recursos en el noreste de Siria, que estaban bajo el control de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) lideradas por los kurdos desde la derrota de ISIS en 2019. Este avance se produce en medio de un cese al fuego frágil, que fue extendido recientemente para negociar la integración de las fuerzas kurdas en el ejército sirio.

Al-Sharaa, conocido por su nombre de combate Abu Mohammed Al Jolani, es visto por los kurdos como un yihadista con un nuevo atuendo, a pesar de que su facción se opuso históricamente a ISIS. El comandante Azad equiparó a Al-Sharaa con Abu Bakr al-Baghdadi, fundador de ISIS, señalando que su ascenso asegura que Siria permanezca como una zona de conflicto constante.

La implicación más crítica de este realineamiento geopolítico concierne a la seguridad de los detenidos. Las cárceles controladas por los kurdos albergan a unos 8,000 combatientes sospechosos de ISIS y a 34,000 familiares en campos adyacentes. La transferencia de control de áreas como el campo de al-Hol al gobierno central aumenta la preocupación sobre la posible liberación de estos individuos.

El personal que gestiona el campo de Roj, donde se encuentran más de 2,000 mujeres y niños extranjeros, reporta un aumento en la radicalización entre las detenidas tras las noticias del avance gubernamental. Testimonios de mujeres detenidas, incluidas algunas de origen británico, reflejan el temor a la escalada de violencia y el deseo de repatriación, aunque algunas admiten haber viajado a Siria por convicción o coacción.

Analistas señalan que el cambio en el apoyo estadounidense obliga a países occidentales, como el Reino Unido, a reconsiderar su política de dejar a sus ciudadanos en campamentos bajo control kurdo indefinidamente. La inestabilidad en el noreste de Siria podría desencadenar una crisis de seguridad regional si los centros de detención se vuelven inmanejables.

Las FDS, que perdieron 11,000 combatientes en la guerra contra ISIS, han advertido que resistirán cualquier intento de expulsión forzosa, aunque reconocen que una guerra abierta contra las fuerzas gubernamentales sería una batalla perdida. La efectividad de los acuerdos de integración, que ya fracasaron en marzo pasado, será crucial para evitar un conflicto total en la región.

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