Shahin Modarres, líder del equipo de Irán en ITSS Verona y profesor en la Universidad de Roma Tor Vergata, declaró que la reciente designación de la Unión Europea al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) como organización terrorista era necesaria y tardía. El análisis, reportado por France 24 el treinta de enero, contextualiza esta medida dentro de la represión interna ejercida por el régimen iraní sobre su población.
Modarres enmarcó al CGRI no solo como una fuerza de seguridad doméstica, sino también como un actor clave en operaciones terroristas a nivel transnacional. Esta doble función, según el académico, justifica plenamente la decisión adoptada por los Veintisiete, señalando la operatividad dual del grupo en la geopolítica regional.
El experto criticó la inacción previa de Europa durante varios años ante las actividades del CGRI, sugiriendo que esta dilación pudo haber facilitado la expansión de la influencia del grupo. Esta pasividad occidental, argumentó, debe ser objeto de un escrutinio más profundo en términos de complicidad y responsabilidad.
Además de la amenaza terrorista, Modarres advirtió sobre las posibles repercusiones migratorias que podrían afectar a la Unión Europea si la situación interna en Irán se deteriora aún más. La designación busca, en parte, mitigar riesgos de seguridad asociados a la inestabilidad generada por el régimen.
El analista hizo un llamado a la rendición de cuentas por la complicidad occidental pasada en relación con las violaciones de derechos humanos perpetradas por el régimen iraní. Modarres sostuvo que la designación es un paso fundamental para presionar por un cambio en el trato hacia los ochenta y cinco millones de ciudadanos dentro de Irán.
Esta decisión europea se alinea con llamados internacionales previos para aislar financieramente y políticamente a las entidades vinculadas al aparato de seguridad iraní. El impacto económico de tales designaciones suele incluir restricciones a transacciones bancarias y congelación de activos.
Las implicaciones geopolíticas de esta medida son significativas, potencialmente elevando las tensiones diplomáticas entre Teherán y Bruselas. El futuro inmediato dependerá de cómo el régimen iraní decida responder a lo que considera una injerencia inaceptable en sus asuntos internos.