El exdirigente de la FIFA, Sepp Blatter, manifestó su apoyo a un boicot propuesto por aficionados a los partidos de la Copa Mundial 2026 que se celebrarán en Estados Unidos, debido a la conducta del entonces presidente Donald Trump y su gobierno. Blatter se suma así a figuras internacionales del fútbol que cuestionan la idoneidad de EE. UU. como sede del torneo, que se compartirá con Canadá y México entre junio y julio de 2026.
La postura de Blatter replicó los comentarios de Mark Pieth, abogado suizo y experto en anticorrupción, quien instó a los aficionados a evitar viajar a Estados Unidos. Pieth sugirió en una entrevista con el periódico suizo Der Bund que los seguidores verían los partidos mejor por televisión y advirtió sobre posibles dificultades para los visitantes que no agraden a las autoridades migratorias.
Las inquietudes internacionales sobre Estados Unidos se centran en la postura expansionista de la administración Trump respecto a Groenlandia, las prohibiciones de viaje y las tácticas de aplicación de la ley de inmigración. Reportes indican que las restricciones de viaje afectan directamente a aficionados de países clasificados como Senegal, Costa de Marfil, Irán y Haití, quienes enfrentan barreras para asistir al evento.
Otras voces en el ámbito futbolístico han secundado la idea de una protesta organizada. Oke Gottlich, vicepresidente de la federación alemana de fútbol, declaró al Hamburger Morgenpost que era momento de considerar seriamente un boicot, comparando la situación actual con las justificaciones históricas para boicotear los Juegos Olímpicos en los años ochenta.
No obstante, es previsible que los llamados al boicot enfrenten resistencia dentro de las estructuras organizativas, incluyendo al jefe de la federación alemana, Bernd Neuendorf, y al presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Gottlich expresó su frustración ante la aparente inconsistencia de criticar la sede de Qatar 2022 por ser política y ahora adoptar una postura apolítica frente a las controversias estadounidenses.
Líderes políticos en el Reino Unido y figuras de la oposición en Sudáfrica también han instado a sus respectivas selecciones nacionales a retirarse del torneo. El líder opositor sudafricano, Julius Malema, comparó las acciones de la administración Trump con el apartheid, argumentando que el boicot es necesario para no normalizar la desestabilización mundial.
El impacto potencial en la logística del torneo y la imagen de la FIFA es significativo, dado que el evento busca consolidar el fútbol en el mercado norteamericano. La presión de organizaciones y figuras influyentes obliga a los organizadores a navegar un complejo entorno geopolítico mientras se acercan las fechas del campeonato.