Ethiopian Airlines suspendió todos los vuelos de pasajeros entre la capital etíope, Adís Abeba, y las ciudades de la región de Tigray, citando "circunstancias imprevistas" según comunicados enviados a los viajeros. El cese de operaciones se produce en un contexto de creciente tensión y reportes de enfrentamientos armados en zonas disputadas de la región septentrional.
Fuentes cercanas a la operación indicaron a medios que el personal aeroportuario en Mekelle, la principal ciudad de Tigray, habría recibido instrucciones de no presentarse a sus puestos de trabajo. Ni la aerolínea estatal ni el gobierno federal han emitido comentarios oficiales detallados para justificar la interrupción del transporte aéreo, un nexo vital para la región.
Esta suspensión aérea ocurre mientras el acuerdo de paz de Pretoria de 2022, que puso fin a una brutal guerra civil, muestra claras señales de deterioro. Las fricciones se centran en el estatus de la fértil región del oeste de Tigray, ocupada por fuerzas de la vecina región de Amhara durante el conflicto.
Existen informes no confirmados de choques entre el ejército federal y combatientes del Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF) en el distrito de Tselemti, un área clave en disputa territorial. Además, fuentes señalan movimientos militares en el sur de Tigray, lo que alimenta el temor a una reanudación de las hostilidades a gran escala.
La situación política interna también se complica, ya que el TPLF, que dominó Etiopía dos décadas, ha visto revocada su licencia electoral por la junta electoral, impidiéndole participar en las elecciones nacionales de junio. Este proceso ha estado plagado de desacuerdos sobre la reintegración del TPLF como partido político legítimo tras ser designado grupo terrorista durante la guerra.
Tadele Mengistu, jefe de transporte de Tigray, confirmó a la BBC la cancelación de los vuelos, aunque admitió desconocer la información detallada detrás de la decisión. El transporte terrestre por autobús entre Adís Abeba y Tigray continúa, pero no se descartan futuras disrupciones logísticas.
El conflicto anterior, mediado por la Unión Africana, resultó en la muerte de cerca de 600.000 personas, con acusaciones generalizadas de abusos graves contra todos los bandos. La inestabilidad actual amenaza la frágil reconstrucción de la región y la posible resolución pacífica de los litigios fronterizos.