El Foro Económico Mundial (FEM) en Davos, Suiza, habitualmente objeto de escrutinio por ser percibido como una "cámara de eco" desconectada de la realidad global, experimentó un resurgimiento de atención mediática y política con la llegada del expresidente estadounidense Donald Trump. Su participación, marcada por la confrontación directa con el credo de la globalización que promueve el foro, dominó la agenda de la cumbre alpina.
Trump capitalizó la atención, atrayendo largas filas de asistentes ansiosos por escuchar sus declaraciones, incluyendo su postura sobre la adquisición de Groenlandia y sus comentarios sobre aliados internacionales. El presidente letón, Edgars Rinkevics, señaló que la expectación generada por Trump devolvía al foro parte de su propósito original: ser un espacio para el debate y la confrontación de perspectivas diversas.
Davos se transformó brevemente en un centro diplomático activo. La semana culminó con el anuncio de Trump de un "marco de un futuro acuerdo" sobre Groenlandia tras conversaciones con el Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, y una reunión posterior con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en el contexto de sus esfuerzos para influir en el conflicto en Ucrania.
Sin embargo, la narrativa del evento no fue unánimemente favorable a la cooperación. La delegación estadounidense defendió abiertamente la doctrina "America First", con el Secretario de Comercio Howard Lutnick declarando que "la globalización ha fracasado para Occidente y los Estados Unidos de América", una posición diametralmente opuesta a los fundamentos del FEM.
Este encuentro se produjo en un momento de transición para la organización, tras la renuncia de su fundador, Klaus Schwab. Larry Fink, director ejecutivo de BlackRock y co-presidente interino, reconoció la erosión de la confianza en el FEM, sugiriendo la necesidad de descentralizar futuras reuniones a "lugares donde el mundo moderno se está construyendo", como Detroit o Dublín.
A pesar de la efervescencia geopolítica, muchos líderes empresariales enfatizaron que sus prioridades se mantenían centradas en la gestión corporativa y la implementación de la inteligencia artificial. Marc Benioff, CEO de Salesforce, sostuvo que, para la mayoría de los asistentes, los temas geopolíticos no eran el principal motor de su presencia, afirmando que "las conversaciones importantes están ocurriendo aquí".
El foro también albergó momentos de disenso, como una inusual ovación de pie al exgobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, quien describió una "ruptura" en el orden mundial, un discurso que provocó visible malestar en la facción estadounidense. Davos demostró así ser un escenario dual: un lugar para la diplomacia de alto nivel y, simultáneamente, un campo de batalla ideológico sobre el futuro del orden económico global.
Fuente: Adaptado de 'Canadian Affairs News'.