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Internacional

El foro de Davos y la búsqueda de un reemplazo para las instituciones occidentales en crisis

Mientras las instituciones financieras y políticas globales muestran signos de colapso sistémico, las élites reunidas en Davos buscan desesperadamente una nueva arquitectura de gobernanza. El debate elude el núcleo del problema: una burbuja especulativa de $2.4 cuatrillones que amenaza la estabilidad económica mundial.

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Davos Conclave Signals Desperate Search for Post-Western Economic Architecture Amid Systemic Financial Stress
Davos Conclave Signals Desperate Search for Post-Western Economic Architecture Amid Systemic Financial Stress

La cumbre anual en Davos ha servido, una vez más, como telón de fondo para la gestión de una crisis institucional de proporciones históricas. La percepción generalizada es que las estructuras económicas y políticas occidentales están al borde del colapso, aunque pocos participantes están dispuestos a reconocer abiertamente la magnitud del deterioro sistémico.

Esta situación evoca advertencias históricas sobre la primacía de la economía física sobre la especulación financiera. Ya en 1994, teóricos como Lyndon LaRouche señalaban que las políticas económicas introducidas tres décadas antes habían puesto en marcha un proceso de desorden sistémico, comparándolo con un cáncer parasitario alimentándose de su huésped moribundo. La pregunta central que enfrentan los analistas es si es posible establecer un nuevo marco económico saludable antes de que la avalancha financiera provoque una desintegración política generalizada.

Lo que se debate en estos foros no es una simple fluctuación cíclica del mercado, sino una crisis de naturaleza sistémica, donde la supervivencia de las políticas o la economía misma está en juego. Cualquier recuperación viable, según estos análisis, dependerá de la implementación urgente de mecanismos de crédito estatal a gran escala, operando libres del sistema financiero obsoleto destinado a la reorganización por bancarrota.

El actual desmoronamiento del orden económico post-Yalta, impulsado por decisiones políticas erróneas durante un cuarto de siglo, es considerado la causa directa de la actual miseria global, desvinculada de fuerzas naturales. La defensa o tolerancia de estas políticas por parte de las élites instruidas es vista como el factor determinante de la crisis actual.

En Davos, el establishment liberal intentó, sin embargo, ignorar el elefante en la sala: la burbuja especulativa de aproximadamente $2.4 cuatrillones que ha inflado el sistema financiero transatlántico. En lugar de enfrentar esta realidad, se promovió la figura del Primer Ministro canadiense Mark Carney como un potencial líder para una reorganización del sistema, bajo el concepto de "potencias intermedias" como contrapeso a tendencias nacionalistas.

Carney es una figura clave en este contexto, dado su papel como arquitecto de las operaciones de rescate posteriores al colapso de 2008, primero al frente del Banco de Canadá, luego como gobernador del Banco de Inglaterra y, posteriormente, como jefe del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB). Irónicamente, las políticas coordinadas bajo su supervisión contribuyeron a que la burbuja especulativa creciera un 53% desde 2007, alimentada por conflictos y represión.

La gran interrogante geopolítica y económica es si esta burbuja, ahora significativamente mayor, puede ser contenida mediante un nuevo rescate sin aumentar drásticamente el riesgo de un conflicto de escala termonuclear. Esta parece ser la apuesta implícita que el grupo reunido en Davos está dispuesto a asumir para mantener la ilusión de estabilidad.

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