La publicación de nuevos documentos judiciales en el caso de Jeffrey Epstein ha sacudido a la monarquía noruega, revelando una correspondencia personal y sostenida con la princesa heredera Mette-Marit. Los archivos, liberados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, contienen casi mil menciones a la princesa, indicando un intercambio regular entre 2011 y 2014, según reportó The Guardian.
El contenido de los mensajes sugiere una relación informal, donde Mette-Marit utilizaba su correo electrónico real para intercambiar notas personales y elogios con Epstein, a quien se refirió en un mensaje como alguien que le «cosquilleaba el cerebro». La naturaleza de los intercambios, que incluían firmas como «Love, Mm», pone en duda la narrativa oficial de contactos esporádicos y formales.
Un intercambio particularmente sensible involucró una consulta de la princesa en 2012 sobre si era apropiado que su hijo de quince años decorara su habitación con imágenes de «dos mujeres desnudas con una tabla de surf». Este detalle ha resonado fuertemente en los medios noruegos, dada la posterior condena de Epstein y los actuales cargos criminales contra su hijastro, Marius Borg Høiby.
Los documentos también señalan que Mette-Marit pasó cuatro días en 2013 en la villa de Epstein en Palm Beach, Florida, aunque los archivos indican que él no estaba presente durante su estancia. Más incriminatorio fue el hallazgo de un correo de 2011 donde la princesa admitía haber buscado a Epstein en línea y concluía que «no se veía muy bien», lo que socava la defensa del Palacio sobre su desconocimiento de su pasado.
Ante la controversia, la princesa heredera emitió una declaración lamentando sus «malos juicios» y expresando «profunda solidaridad y compasión» a las víctimas de abuso sexual. El Palacio Real reconoció que la intensidad de los contactos fue mayor a lo previamente admitido, pero afirmó que la comunicación cesó después de 2014, cuando ella percibió que Epstein intentaba usar la conexión para influir en otros.
Esta crisis reputacional es crítica para Noruega, donde la monarquía funciona como un pilar de autoridad moral y unidad nacional desde 1905. Cualquier golpe a la credibilidad de la familia real se percibe como un ataque directo a los cimientos del Estado, especialmente en contraste con el legado de resistencia del rey Haakon VII.
La situación se agrava por el inminente juicio penal contra Marius Borg Høiby, hijo de Mette-Marit, quien enfrenta 38 cargos que incluyen agresión sexual y narcotráfico. La combinación de estos factores ha provocado una caída a mínimos históricos en los índices de confianza hacia la Casa Real noruega.