Fatima Abdullah relató la angustia experimentada tras la excavación de tumbas en el cementerio de al-Batsh, en el barrio de Tuffah, por parte del ejército israelí durante una búsqueda de un rehén. Este cementerio alberga a su esposo, fallecido el 11 de diciembre de 2024, y a miles de otros entierros en el territorio devastado. Abdullah describió la escena como una violación del derecho a guardar luto, informando que cadáveres y huesos fueron esparcidos al utilizar maquinaria pesada.
La operación, centrada en la recuperación del policía israelí Ran Gvili, implicó el examen de unas 250 sepulturas en un corto período, resultando en la exhumación de entierros recientes y antiguos. Imágenes aéreas del sitio muestran una alteración significativa del paisaje, con numerosas lápidas destruidas. Familiares como Madeline Shuqayleh expresaron que el acto es equivalente a un segundo fallecimiento para sus seres queridos, cuya ubicación y estado de los restos son ahora inciertos.
Human Rights Monitor Euro-Med documentó que las fuerzas israelíes han dañado gravemente o destruido aproximadamente 21 de los 60 cementerios en Gaza. Esta destrucción ha resultado en la mezcla o pérdida de restos, dejando a miles de familias en una incertidumbre aplastante sobre el destino final de sus parientes.
Este patrón de destrucción no es aislado; previamente se documentaron hallazgos de fosas comunes en hospitales como al-Shifa y Nasser en abril de 2024, según el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk. Estos entierros masivos contenían cientos de cuerpos, algunos atados y sin vida, suscitando serias preocupaciones sobre violaciones al derecho internacional humanitario.
El caso de Rola Abu Seedo ilustra el duelo compuesto, pues el cementerio temporal donde fue enterrado su padre en al-Shifa fue nivelado por bulldozers tras una incursión militar en marzo de 2024. A pesar de los esfuerzos posteriores de comités forenses y el Comité Internacional de la Cruz Roja, la familia no ha podido localizar los restos de su padre.
Organizaciones como Hamás condenaron las exhumaciones como actos “antieticos e ilegales”, señalando el fracaso del sistema internacional para exigir responsabilidades por crímenes sin precedentes. Las acciones militares han afectado incluso cementerios históricos, como el Cementerio de Guerra de Gaza en Tuffah, que alberga tumbas de la Primera y Segunda Guerra Mundial.
La incertidumbre persiste sobre si las autoridades devolverán los restos recuperados o si se permitirá a las familias verificar el estado de las tumbas bajo las condiciones de la tregua. Este escenario niega a la población gazatí el derecho fundamental a un entierro digno y a despedirse adecuadamente de sus muertos, exacerbando la crisis humanitaria y psicológica.