Crisis política en Irak aplaza elección presidencial por divisiones kurdas
El parlamento iraquí posterga la votación presidencial mientras los partidos kurdos luchan por acordar un candidato único, exponiendo tensiones geopolíticas.
Iraq Presidential Vote Stalled as Kurdish Parties Deadlock on Candidate
El parlamento de Irak ha aplazado indefinidamente la elección del próximo presidente del país debido a las profundas divisiones entre los dos principales partidos kurdos para acordar un candidato consensuado, una crisis que expone las complejas dinámicas geopolíticas que atraviesan la nación.Según informó la Agencia de Noticias Iraquí (INA), la votación programada para el martes fue pospuesta a petición del Partido Democrático del Kurdistán (PDK) y la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), rompiendo con el tradicional acuerdo de reparto de poder entre ambas fuerzas políticas.Irak opera bajo un sistema de cuotas sectarias establecido tras la invasión estadounidense de 2003, donde el cargo de primer ministro corresponde a un chiíta, la presidencia del parlamento a un suní, y la presidencia —mayormente ceremonial— a un kurdo. Tradicionalmente, la UPK ostenta la presidencia mientras el PDK controla la región autónoma del Kurdistán.Sin embargo, en una ruptura sin precedentes de este entendimiento, el PDK anunció su propio candidato: el ministro de Relaciones Exteriores Fuad Hussein, desafiando la convención política establecida y generando incertidumbre sobre la estabilidad del frágil equilibrio de poder iraquí.La crisis presidencial se produce en un momento crítico, cuando el Marco de Coordinación —una alianza de partidos chiítas que ostenta la mayoría parlamentaria— respaldó el sábado la candidatura del veterano político Nouri al-Maliki para el cargo de primer ministro. Al-Maliki, de 75 años, quien gobernó Irak entre 2006 y 2014 antes de renunciar bajo presión estadounidense, es percibido como próximo a Irán.La perspectiva del regreso de al-Maliki ha generado alarmas en Washington. El secretario de Estado estadounidense Marco Rubio advirtió públicamente contra un gobierno pro-iraní en Irak, mientras que fuentes diplomáticas confirmaron que Estados Unidos transmitió su "visión negativa" sobre los anteriores gobiernos liderados por el exprimer ministro.En una carta dirigida a la alianza chiíta, representantes estadounidenses señalaron que, aunque la selección del primer ministro es una decisión soberana iraquí, "Estados Unidos tomará sus propias decisiones soberanas respecto al próximo gobierno en línea con los intereses estadounidenses".Esta tensión refleja la persistente realidad geopolítica de Irak como campo de batalla proxy entre Washington y Teherán, donde los sucesivos gobiernos han navegado un delicado equilibrio entre las dos potencias rivales. La crisis actual subraya cómo las divisiones internas iraquíes se entrelazan inevitablemente con los intereses estratégicos regionales y globales.El próximo presidente tendrá 15 días para designar un primer ministro una vez elegido, un proceso que ahora enfrenta múltiples capas de complejidad política y diplomática en un contexto regional cada vez más volátil.