Las operaciones federales del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) continúan en Mineápolis, Minnesota, provocando una escalada en las protestas y el descontento comunitario. Este despliegue se mantiene activo a pesar de las recientes declaraciones públicas de Tom Homan, designado zar fronterizo por la administración.
Homan emitió comentarios el 29 de enero, su primera comparecencia pública desde su llegada a la ciudad, adoptando un tono notablemente más moderado que otros funcionarios gubernamentales. El zar afirmó que su objetivo no es "ver a nadie morir", buscando aparentemente mitigar la percepción de dureza de los operativos.
Sin embargo, fuentes locales y reportes indican que la presencia y actividad de ICE en la región no han disminuido sustancialmente. La desconexión entre la retórica oficial y la realidad operativa en las calles es el principal motor de la creciente controversia.
Organizaciones de defensa de los derechos de los inmigrantes y líderes comunitarios han denunciado el impacto económico y social de las redadas. Señalan que la incertidumbre generada afecta la participación ciudadana y el acceso a servicios esenciales.
Según reportes citados por France 24, la administración está enfocada en reforzar la aplicación de la ley migratoria a nivel interno. Este enfoque contrasta con las prioridades históricamente centradas en el control fronterizo sur de Estados Unidos.
El contexto geopolítico actual subraya una tensión creciente entre las políticas de seguridad nacional y las dinámicas laborales locales en ciudades del norte como Mineápolis. La ciudad es un importante centro económico y logístico en el medio oeste.
Se espera que las autoridades locales y estatales evalúen las implicaciones legales de la presencia continua de ICE, especialmente en relación con las jurisdicciones locales que han adoptado políticas de ciudad santuario o cooperación limitada con agencias federales.