Doce mineros fallecieron y al menos 15 personas sufrieron heridas tras ser alcanzados por un dron ruso mientras regresaban de su turno en la región oriental de Dnipropetrovsk, según informó DTEK, la mayor empresa privada de energía de Ucrania. El ataque ocurrió el domingo y tuvo como blanco específico un autobús que transportaba a los trabajadores.
Este suceso se produce mientras Moscú había acordado previamente abstenerse de atacar infraestructuras energéticas y centros de población durante el actual episodio de frío intenso. Aunque los ataques se han concentrado cerca de la línea del frente, el incidente subraya la persistencia de la violencia contra objetivos civiles.
Además del ataque a los mineros, se reportaron otras víctimas mortales y heridos en ataques rusos separados durante el fin de semana. En Zaporiyia, un hospital de maternidad fue impactado por un dron, causando heridas a seis personas, incluyendo mujeres que estaban dando a luz, según reportaron autoridades locales.
El jefe regional de Zaporiyia, Ivan Fedorov, calificó el ataque al hospital como una prueba de una guerra dirigida contra la vida civil, en un contexto donde Ucrania y Estados Unidos buscaban facilitar negociaciones de paz esta semana en Abu Dabi.
El Ministerio de Asuntos Exteriores ucraniano, a través de Andriy Sybiha, señaló que el bombardeo al centro médico demuestra que el presidente ruso, Vladimir Putin, persigue una estrategia contraria a los esfuerzos diplomáticos en curso.
En el frente tecnológico, Ucrania informó estar colaborando con SpaceX para impedir que el sistema Starlink sea utilizado por Rusia para guiar ataques con drones de largo alcance, una herramienta crucial para las comunicaciones militares ucranianas.
El presidente Volodímir Zelenski también mencionó el aplazamiento de una segunda ronda de conversaciones tripartitas con mediación estadounidense, originalmente programadas para el fin de semana, debido a tensiones geopolíticas más amplias entre Estados Unidos e Irán.
Las implicaciones económicas de estos ataques continuos se centran en la seguridad de la fuerza laboral y la infraestructura crítica, mientras las negociaciones de paz se estancan en temas territoriales clave, con Rusia controlando aproximadamente una quinta parte del territorio ucraniano.