El régimen iraní ha perdido cualquier forma de legitimidad tanto a nivel nacional como internacional, según el análisis de Simon Mabon, profesor de Política Internacional y Estudios de Oriente Medio en la Universidad de Lancaster. Mabon basó su evaluación en la naturaleza y la escala de las protestas más recientes que han tenido lugar en la República Islámica.
El académico indicó a FRANCE 24 que el actual ciclo de disturbios parece ser cualitativamente distinto al de ocasiones anteriores. Esto se debe al tamaño de las manifestaciones, la diversidad de los grupos participantes y la extrema dureza de la reacción del aparato estatal.
La ferocidad de la respuesta gubernamental no es un signo de fortaleza, sino un indicador de debilidad estructural profunda. Mabon argumentó que esta situación extrema apunta directamente a un régimen que atraviesa un estado financiero, político y social precario.
El contexto de inestabilidad interna se suma a las tensiones geopolíticas que Irán enfrenta con actores regionales y potencias globales. La capacidad del Estado para mantener el orden interno está siendo puesta a prueba de manera significativa.
Este tipo de represión severa, si bien busca sofocar la disidencia, a menudo consolida la narrativa de un gobierno sin respaldo popular. La comunidad internacional observa de cerca cómo Teherán gestiona esta crisis de legitimidad.
Las implicaciones económicas son notables, ya que la inestabilidad continua afecta la confianza de los inversores y complica cualquier intento de normalización de las relaciones comerciales internacionales.
La evaluación de Mabon sugiere que la presión interna está moldeando la capacidad de Irán para proyectar poder en el escenario global, forzando al liderazgo a priorizar la supervivencia interna sobre otros objetivos estratégicos.