La amenaza del expresidente estadounidense Donald Trump de imponer aranceles a cualquier nación que venda o suministre petróleo a Cuba ha provocado ira y angustia en la isla, sumida en apagones masivos y escasez de bienes. La decisión, anunciada el jueves, se percibe como una escalada directa a las ya severas sanciones estadounidenses, dificultando aún más la vida cotidiana de los ciudadanos.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, calificó la medida como “fascista, criminal y genocidal” en la plataforma X, acusando a Trump de secuestrar los intereses del pueblo estadounidense para ganancia personal. El ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, declaró una emergencia internacional ante lo que consideró una amenaza “inusual y extraordinaria” al flujo energético de la nación caribeña.
Expertos en energía, como Jorge Piñón del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, señalan que el diésel es la “columna vertebral de la economía cubana”, y la interrupción del suministro es crítica. Piñón advirtió que si no aparecen nuevos buques cisterna en las próximas cuatro a ocho semanas, el futuro de la isla será sombrío, especialmente tras la disminución de las entregas desde Venezuela.
Mientras tanto, México, un proveedor fundamental junto con Rusia tras las sanciones a Caracas, busca caminos alternativos. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, indicó que se explorarán opciones para continuar la asistencia y prevenir una crisis humanitaria, sugiriendo incluso que Estados Unidos podría gestionar el envío de crudo mexicano.
Ciudadanos cubanos expresaron su desesperación, comparando la situación actual con el “Período Especial” de la década de 1990, pero señalando que la escasez actual es más profunda. Un vendedor callejero afirmó que “Cuba es una amenaza para los cubanos, no para Estados Unidos”, indicando que las sanciones impactan desproporcionadamente a la población civil.
La demanda diaria de energía en Cuba promedia unos 3.000 megavatios, y los cortes afectan la capacidad de trabajo y la vida diaria, forzando a muchos a depender de la ayuda mutua comunitaria. La incertidumbre sobre la disponibilidad futura de combustible, especialmente diésel, domina las preocupaciones económicas y sociales en La Habana y otras ciudades.