El mercado internacional de metales preciosos ha registrado una escalada sin precedentes, con el oro alcanzando cotizaciones récord. A media sesión del miércoles, la onza troy superó los US$5.280, tocando picos cercanos a los US$5.326, consolidando un alza que supera el 90% en los últimos doce meses. Este comportamiento del precio, que indica un renovado interés por el activo, es visto por analistas como un barómetro directo de la creciente incertidumbre económica y geopolítica global.
Expertos consultados atribuyen este fenómeno, que comenzó a ser notable desde enero de 2025, a las políticas económicas adoptadas por la administración estadounidense. Rodolpho Sartori, economista de Austin Rating, destaca que el resurgimiento del proteccionismo y la imposición de aranceles representan una ruptura con los principios de libre comercio, generando desconfianza entre socios comerciales y aumentando la volatilidad percibida.
Gecilda Esteves, profesora del Ibmec-RJ, añade una capa de tensión geopolítica, citando la presión ejercida por Washington sobre Dinamarca respecto a Groenlandia como un factor que ha erosionado la confianza entre Estados Unidos y Europa, elevando el temor a nuevas guerras comerciales. Este escenario se agrava por el conflicto en curso entre Ucrania y Rusia, consolidando la percepción de un riesgo geopolítico inmediato.
Ante este panorama, el oro y la plata funcionan como activos de reserva de valor, buscando preservar el poder adquisitivo frente a la volatilidad. Mientras el oro se dispara, el índice DXY del dólar ha mostrado debilidad, cayendo de cerca de 110 puntos a unos 96 desde el inicio de 2025. Sartori señala que esto sugiere una desconfianza incipiente en la moneda estadounidense, aunque considera prematuro hablar de una desdolarización total.
Los bancos centrales, incluyendo el de Brasil, han incrementado sus tenencias de oro, diversificando sus reservas para reducir la dependencia de monedas fiduciarias. No obstante, los analistas coinciden en que la mayor presión sobre el precio proviene del mercado inversor, que busca metales para reducir la volatilidad de sus carteras y, en el actual contexto de ruptura de barreras, obtener rendimientos agresivos.
Adicionalmente, se identifica un factor estructural subyacente: la elevada deuda pública global. Economistas sugieren que la sostenibilidad de estas deudas está impulsando a los agentes económicos a diversificar más allá de las divisas tradicionales, buscando activos con valor intrínseco como los metales preciosos. Este movimiento se complementa con la búsqueda de cobertura contra una posible corrección en mercados bursátiles, como la especulada burbuja de la inteligencia artificial.
La situación actual transforma al oro de ser meramente un seguro contra el colapso financiero a un componente de rentabilidad agresiva en las carteras globales. La escalada confirma que, en tiempos de alta incertidumbre, los activos tangibles y con historial probado de reserva de valor vuelven a ser el principal refugio estratégico. (Fuente: latin-american.news, adaptado para La Era)