La perspectiva económica de Irán se ha deteriorado significativamente a raíz de uno de los bloqueos estatales de internet más prolongados y exhaustivos de su historia, iniciado el ocho de enero en medio de protestas nacionales. Aunque la mayor parte del ancho de banda y las comunicaciones telefónicas se han restablecido gradualmente, el acceso libre a la red global sigue fuertemente restringido por el Estado.
El ministro de Tecnología de la Información y Comunicaciones, Sattar Hashemi, informó que la economía sufrió un perjuicio diario estimado en 50 billones de riales, equivalentes a unos 33 millones de dólares a la tasa de cambio actual. Sin embargo, el ministro admitió que las estimaciones reales ofrecidas por otros funcionarios económicos son considerablemente más elevadas, aunque no se detallaron públicamente.
El sector privado sintió el impacto de forma aguda, con empresas de servicios paralizadas. Una agente de viajes en Teherán, Simin Siami, reportó la cancelación de la mayoría de sus ingresos internacionales y despidos, ya que la imposibilidad de reservar vuelos o gestionar pasaportes detuvo sus operaciones principales.
Saeed Mirzaei, de una agencia de inmigración, indicó que 46 empleados sufrieron licencias forzadas debido a la pérdida total de contacto con contrapartes extranjeras y la imposibilidad de cumplir plazos cruciales para clientes que buscan emigrar. La dependencia laboral del internet hizo inviable la continuidad operativa para muchos negocios.
Incluso el Intranet Nacional, una red interna estatal, demostró ser insuficiente para sostener servicios básicos, presentando lentitud y desconexiones para numerosas empresas. El ministro Hashemi calificó la propuesta de depender únicamente de esta red doméstica como una "broma amarga", señalando que solo se podía sostener la actividad online por unos 20 días antes de colapsar.
Abazar Barari, miembro de la Cámara de Comercio iraní, señaló que las cifras oficiales subestiman las pérdidas, especialmente en importación y exportación. Los procesos comerciales internacionales, desde negociaciones de precios hasta la verificación documental, dependen intrínsecamente de la conectividad global, interrumpiendo el comercio exterior.
Para la población, el impacto se extiende a los pequeños emprendedores y trabajadores independientes, muchos de los cuales dependen de plataformas digitales para generar ingresos en un entorno de alta inflación. La restauración parcial de la red ha generado ansiedad sobre la sostenibilidad de sus negocios tras las pérdidas acumuladas.