Existe un proyecto cinematográfico que ninguna persona viva podrá ver jamás en una sala de cine. La película, que ya está completamente terminada, descansa dentro de una caja fuerte de alta seguridad programada para abrirse automáticamente exactamente 100 años después de su creación.
El proyecto es una colaboración entre el actor John Malkovich y la marca de coñac Louis XIII. Funciona como una cápsula del tiempo literal, con el producto final inaccesible hasta el 18 de noviembre de 2115.
John Malkovich escribió el guion y protagonizó la producción. En declaraciones a la revista People, explicó que abordó el proyecto reflexionando sobre el paso del tiempo y la naturaleza desconocida del futuro. “¿Cómo era el mundo hace 100 años? ¿Qué pensaba la gente sobre cómo sería el futuro? ¿Cómo será el mundo dentro de 100 años, cuando yo ya no esté aquí?”, comentó Malkovich.
Secretos bajo cristal
Los detalles sobre la trama se mantienen bajo estricta confidencialidad. Según Entertainment Weekly, la película está guardada en una caja fuerte protegida por un cristal a prueba de balas. El mecanismo no depende de llaves ni códigos, sino de un temporizador que impide el acceso durante un siglo entero.
Robert Rodriguez dirigió el proyecto. Inicialmente, pensó que estaba rodando un anuncio publicitario convencional para la marca. “Estaba haciendo varios cortometrajes para ellos y, cuando filmamos el primero, pensé que sería un anuncio o algo parecido”, relató Rodriguez. “Les mostré la película y me dijeron: ‘Sí, es genial, esa es la que vamos a guardar’”.
Aunque el largometraje principal permanece bajo llave, el equipo de producción lanzó tres avances que imaginan diferentes versiones del futuro. Estos clips muestran escenarios variados, desde un paraíso tecnológicamente avanzado hasta un mundo dominado por robots. En los avances aparecen Malkovich, Shuya Chang y Marko Zaror.
A pesar de la espera de un siglo para el estreno, algunas personas ya han asegurado su asistencia. Se han entregado mil entradas de metal para el evento. Estas invitaciones están diseñadas para ser transmitidas de generación en generación, permitiendo que los descendientes de los destinatarios originales asistan a la proyección dentro de 89 años.