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Cultura

Exposición Desbocadas en MNBA revisita a Yeguas del Apocalipsis

La exposición Desbocadas en el Museo Nacional de Bellas Artes presenta la primera retrospectiva integral al colectivo Yeguas del Apocalipsis. La muestra enfrenta críticas sobre la paradoja de institucionalizar una obra nacida para desafiar el sistema.

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Exposición Desbocadas en MNBA revisita a Yeguas del Apocalipsis
Exposición Desbocadas en MNBA revisita a Yeguas del Apocalipsis

La exposición Desbocadas abre sus puertas en el Museo Nacional de Bellas Artes con la primera retrospectiva dedicada a Yeguas del Apocalipsis. El evento celebra la trayectoria del colectivo conformado por Francisco Casas y Pedro Lemebel hasta el 19 de abril de 2026. Sin embargo, críticos cuestionan la paradoja de museificar una obra nacida para desafiar el sistema institucional.

Contexto Histórico

El colectivo operó entre 1987 y 1993 desde la marginalidad santiaguina antes de alcanzar consagración internacional. Su legado representa un argumento político sobre el camino desde la disidencia hasta el reconocimiento global. La muestra busca documentar un legado que desafió la norma cultural y política de la época.

Francisco Casas calificó la experiencia de recorrer la muestra como estar en su lecho de muerte. Esta frase define la tensión fundamental entre la acción efímera y la conservación en formol institucional. El espacio museístico parece detener la vitalidad que caracterizó las performances originales del dúo.

Las acciones incluyeron intervenciones en la Comisión Chilena de Derechos Humanos durante la dictadura. La sangre y el vidrio roto marcaban el mapa de América del Sur en una performance visceral. Ninguna fotografía puede capturar la fuerza física de esos momentos documentados históricamente.

Implicaciones Institucionales

El contexto político abarca tanto la dictadura militar como la transición democrática pactada. El beso a Ricardo Lagos en 1989 desafió directamente a la nueva élite instalada en el poder. La muestra corre el riesgo de simplificar esta complejidad histórica al leerla solo como resistencia contra Pinochet.

El curador Gerardo Mosquera enfrenta desafíos significativos al intentar montar la obra en un archivo formal. El museo tiende a aplanar el contexto desde el que operaron las Yeguas en su momento. La paradoja de preservar una obra anti-archivo persiste sin una resolución clara en el montaje.

La directora del museo busca saldar una deuda histórica con un colectivo que visibilizó disidencias sexo-genéricas. Pero el reconocimiento no reemplaza la transformación institucional necesaria en los modos de coleccionar. Las deudas con el arte de resistencia requieren cambios profundos en la gestión cultural.

La muestra se inscribe en el eje programático Trayectorias en foco del Museo Nacional de Bellas Artes. Esta política institucional busca visibilizar autorías de mujeres y disidencias en el canon artístico. La legitimidad del proyecto no exime de la crítica al instrumento museográfico utilizado.

El problema estructural del montaje no resolvió la tensión entre la urgencia política y la pulcritud patrimonial. El espacio no crepita con la tensión de uso original que definía las intervenciones de las Yeguas. Se paga la deuda histórica con metros cuadrados de fotografías y menos disposición al riesgo.

Las Yeguas eligieron no documentar parte de su obra conscientemente como declaración de principios. Poner esa ética en un archivo nacional es una contradicción ontológica que la muestra debió tematizar. El futuro depende de cómo se activan los archivos vivos de la performance en Chile.

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