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Cultura

El Salvador transforma playas de inseguras a destino turístico pese a críticas de DD. HH.

Las playas salvadoreñas, antes asociadas a la violencia, atraen ahora a surfistas y turistas internacionales, impulsadas por la promoción del presidente Nayib Bukele. Este cambio ocurre mientras organizaciones denuncian detenciones masivas bajo el régimen de excepción, generando controversia sobre el costo social de la seguridad.

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El Salvador transforma playas de inseguras a destino turístico pese a críticas de DD. HH.
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El gobierno de El Salvador promueve activamente la transformación de sus costas, pasando de zonas de alta criminalidad a destinos atractivos para el turismo internacional, un cambio incluso avalado por figuras como la cantante Shakira en redes sociales. El presidente Nayib Bukele utiliza estas imágenes de surfistas y playas revitalizadas para argumentar que el país experimenta una "transformación radical".

Visitantes como un ingeniero costarricense, quien viajó desde Limón, atestiguan la mejora en la seguridad percibida en áreas antes dominadas por el crimen organizado. En zonas como El Tunco, la actividad comercial florece, con negocios vendiendo mercancía que incluso incluye la imagen del mandatario, reflejando su alta popularidad interna.

Sin embargo, este auge turístico y la mejora en la seguridad se yuxtaponen con serias preocupaciones internacionales sobre derechos humanos. Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch reportan que el estado de excepción ha resultado en la detención de cerca de 90,000 personas, incluyendo miles de ciudadanos liberados por inocencia.

Un colectivo de familiares de detenidos, Movir, emitió una carta abierta a Shakira expresando inquietud por el uso de su gira musical para supuestamente "encubrir la injusticia". La misiva señalaba que en El Salvador también existen mujeres sufriendo por detenciones arbitrarias, tortura y juicios irregulares.

Las encuestas indican que el apoyo a Bukele se mantiene robusto, con nueve de cada diez salvadoreños respaldando su gestión, lo que parece amortiguar el impacto de las denuncias internacionales. Turistas extranjeros, como un neerlandés radicado en Guatemala, reconocen las violaciones a los derechos humanos pero valoran el aumento significativo de la seguridad ciudadana.

Para la economía salvadoreña, este flujo turístico representa una inyección de divisas crucial, consolidando la apuesta del gobierno por el sector servicios y la imagen internacional renovada. La narrativa oficial se centra en la eficacia de las medidas de seguridad para desbloquear el potencial económico de las costas.

El desafío para El Salvador radica en mantener este impulso turístico y la paz social sin socavar las libertades civiles, un equilibrio que sigue siendo objeto de intenso escrutinio global y local. La percepción de seguridad, aunque bienvenida por muchos ciudadanos, es inseparable de las controversias generadas por el régimen de excepción.

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