Un grupo de investigadores ha identificado un vínculo biológico entre el microbioma neonatal y las modificaciones epigenéticas que podrían alterar las trayectorias del neurodesarrollo, incluyendo el trastorno del espectro autista (TEA) y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).
El estudio se centra en cómo el entorno microbiano al momento del parto desencadena cambios epigenéticos. Estas alteraciones modifican la expresión génica sin alterar la secuencia de ADN subyacente, lo que podría afectar el desarrollo cerebral.
Regulación génica impulsada por el microbioma
Los datos indican que la composición específica de las bacterias presentes en las primeras etapas de la vida desempeña un papel crucial en la señalización de los sistemas inmunológico y neurológico del huésped. Estas señales microbianas impulsan los patrones de metilación necesarios para una maduración neuronal saludable.
Las alteraciones en esta colonización microbiana temprana pueden provocar una programación epigenética aberrante. Dicha desregulación está vinculada a las vías biológicas asociadas con los trastornos del neurodesarrollo.
Si bien la investigación destaca una conexión entre el microbioma y el neurodesarrollo, la comunidad científica aún investiga los mecanismos de acción específicos. Los hallazgos sugieren que el eje intestino-cerebro comienza a ejercer su influencia mucho antes de que concluya la infancia.
Los estudios futuros buscarán determinar si las intervenciones dirigidas al microbioma durante el periodo neonatal pueden mitigar estos riesgos epigenéticos.