Según un estudio publicado en la revista Current Biology, los primeros agricultores convirtieron accidentalmente al trigo en un cultivo combativo y de rápido crecimiento al plantar semillas en campos concentrados. Investigadores de la Universidad de Sheffield descubrieron que estos antiguos métodos de cultivo desencadenaron una carrera armamentista evolutiva entre las plantas.
A lo largo de un periodo de entre 1.000 y 2.000 años, las variedades de trigo capaces de superar a sus vecinas en la búsqueda de luz solar y espacio se volvieron dominantes. Este proceso de selección produjo lo que los investigadores principales, el Dr. Yixiang Shan y el profesor Colin Osborne, describen como trigo "guerrero".
La evolución de la agresividad
Para trazar estos cambios, el equipo de investigación utilizó un modelo funcional-estructural de plantas. El análisis reveló que el ángulo de las hojas fue el factor principal de este éxito competitivo. Las plantas con hojas más verticales y erguidas estaban mejor posicionadas para captar la luz solar, mientras que, al mismo tiempo, sombreaban eficazmente a sus competidoras cercanas.
Estas primeras variedades domesticadas desarrollaron ventajas físicas, como hojas más grandes y tasas de crecimiento más rápidas en comparación con sus ancestros silvestres. Al dominar el entorno inmediato, estas plantas aseguraron su propia supervivencia y éxito reproductivo en el caos controlado de las primeras granjas.
Sin embargo, las prácticas agrícolas modernas han cambiado las reglas del juego para el desarrollo de los cultivos. Los agricultores actuales dependen de fertilizantes y herbicidas para gestionar la distribución de recursos, lo que significa que los cultivos ya no necesitan luchar contra sus vecinos para sobrevivir.
"Aunque la evolución ha favorecido a los competidores fuertes, la agricultura moderna agrupa los cultivos densamente en los campos para obtener altos rendimientos", señaló el profesor Osborne. "Esta práctica requiere cultivos capaces de cooperar, no de competir, lo que ha significado que los mejoradores modernos hayan tenido que revertir los efectos contraproducentes de la evolución".
En respuesta, los mejoradores modernos se han alejado de estos rasgos agresivos. Las variedades actuales de trigo duro de élite están diseñadas con tallos más cortos y hojas más pequeñas, lo que permite a las plantas redirigir la energía de la competencia hacia la producción de grano.
Los hallazgos subrayan cómo las prácticas agrícolas humanas han alterado fundamentalmente la estrategia biológica de una de las fuentes de alimento más críticas del mundo. La transición desde los antiguos campos competitivos hacia la agricultura industrial moderna representa una reversión total de la trayectoria evolutiva de la planta.