Investigadores de la Universidad Case Western Reserve han descubierto que los azúcares tóxicos producidos por las bacterias intestinales pueden desencadenar ataques del sistema inmunitario que dañan el cerebro en pacientes con esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y demencia frontotemporal (DFT).
El estudio, publicado en la revistaCell Reports, identifica una vía molecular en la que microbios dañinos del sistema digestivo producen formas inflamatorias de glucógeno. Estos azúcares bacterianos activan reacciones inmunitarias que provocan la muerte de las células cerebrales.
Según Aaron Burberry, profesor asistente del Departamento de Patología de la Facultad de Medicina de Case Western Reserve, los hallazgos proporcionan un vínculo biológico entre la actividad intestinal y la neurodegeneración. "Descubrimos que las bacterias intestinales dañinas producen formas inflamatorias de glucógeno (un tipo de azúcar), y que estos azúcares bacterianos desencadenan respuestas inmunitarias que dañan el cerebro", afirmó Burberry.
Identificación de los desencadenantes de la enfermedad
Las pruebas realizadas a 23 pacientes con ELA y DFT revelaron que el 70% presentaba niveles elevados de este glucógeno nocivo. En cambio, solo aproximadamente un tercio de las personas sin estas enfermedades mostraron niveles similares.
El descubrimiento podría explicar por qué algunas personas portadoras de la mutación C90RF72 —la causa genética más común de estas enfermedades— desarrollan síntomas, mientras que otras no. Los investigadores sugieren que las bacterias intestinales actúan como un desencadenante ambiental que influye en la progresión de la enfermedad en individuos con riesgo genético.
Los resultados experimentales muestran que reducir estos azúcares nocivos puede mejorar la salud cerebral. Alex Rodriguez-Palacios, profesor asistente en el Instituto de Investigación de Salud Digestiva, señaló que el equipo logró reducir estos azúcares en experimentos, lo que "mejoró la salud cerebral y prolongó la esperanza de vida".
Estos hallazgos ofrecen nuevas dianas para tratamientos clínicos. Los científicos buscan ahora formas de descomponer estos azúcares dañinos en el sistema digestivo o desarrollar fármacos que interrumpan la conexión entre el intestino y el cerebro.