Investigadores de la Universidad de Yale identificaron el mecanismo biológico subyacente a la observación de que los niños criados en entornos con mayor biodiversidad presentan menor incidencia de alergias. El estudio, publicado en la revista Nature, determinó que la exposición temprana a una variedad de microbios y proteínas establece una memoria inmunológica amplia que protege contra reacciones alérgicas posteriores.
El elemento central del descubrimiento radica en la inducción de un anticuerpo específico que desvía la respuesta inmune de los mecanismos que impulsan las alergias. En lugar de una sobre-reacción a alérgenos inofensivos como el polen o los cacahuetes, un sistema inmune 'entrenado' responde de manera equilibrada, según detallaron los autores.
Ruslan Medzhitov, profesor titular de Inmunobiología en la Escuela de Medicina de Yale y autor principal, explicó que el objetivo era entender qué sucede en el sistema inmune al estar expuesto a un ambiente natural con alta carga microbiana. El equipo comparó ratones criados en condiciones ricas en microbios con aquellos mantenidos en ambientes estériles de laboratorio.
Al exponer ambos grupos a alérgenos comunes y agentes infecciosos, los investigadores observaron que los ratones criados en entornos naturales estaban significativamente protegidos contra reacciones alérgicas severas. Esta protección se manifestó como una memoria inmunológica cruzada capaz de manejar alérgenos no encontrados previamente.
El estudio detalla que esta exposición natural estimula la producción de anticuerpos IgG, la clase más común en la sangre y protectora, en detrimento de los anticuerpos IgE, que son los principales causantes de las respuestas alérgicas en humanos. Los ratones de laboratorio, en contraste, mostraron sistemas inmunes no preparados.
Medzhitov señaló que los ambientes excesivamente limpios, resultado de la industrialización, la sanitización y el uso de antibióticos, dejan al sistema inmune en un estado 'no entrenado'. Esta falta de exposición a antígenos normales puede desencadenar respuestas patológicas ante exposiciones inofensivas, lo que se correlaciona con el aumento de alergias en sociedades modernas.
Las implicaciones de estos hallazgos sugieren que las estrategias futuras para combatir las alergias podrían enfocarse en fomentar la exposición temprana a entornos naturales, en lugar de solo suprimir los síntomas con terapias actuales. Además, el estudio arroja luz sobre el papel ambiental en el desarrollo de condiciones autoinmunes.
Los autores, incluyendo a Steven Erickson y Benjamin Lauring, indican que el cultivo de anticuerpos IgG podría ofrecer una vía para curar alergias existentes. El trabajo subraya la importancia del equilibrio entre la protección contra patógenos peligrosos y la necesidad de exposición a la flora microbiana ambiental.