Un estudio reciente realizado por investigadores de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU) sugiere que las niñas experimentan un mayor nivel de bienestar en el entorno escolar en comparación con los niños. Los académicos postulan que esta disparidad podría estar arraigada en diferencias biológicas relativas a la producción de dopamina y los niveles de testosterona.
El profesor Hermundur Sigmundsson, de la NTNU, indicó que las dinámicas sociales, incluidas las interacciones con compañeros, facilitan una mayor liberación de dopamina en las niñas. Por el contrario, los niños requieren mayor actividad física para procesar sus niveles más altos de testosterona, lo que hace que las jornadas escolares sedentarias no se ajusten a sus necesidades biológicas.
El equipo analizó datos de más de 1,600 alumnos noruegos entre primero y cuarto grado, evaluando su percepción de seguridad, relaciones con amigos y disfrute general de la escuela. Los resultados mostraron una correlación significativa entre el bienestar reportado y la cantidad de amigos que tenían los estudiantes, siendo las niñas y los alumnos más jóvenes quienes reportaron mayor satisfacción.
En cuanto al rendimiento académico, las niñas señalaron consistentemente mejores resultados en lectura y ciencias, y también creían tener un mejor desempeño en esas áreas. Los niños, por su parte, se autoevaluaron como superiores en matemáticas, aunque no hubo diferencias significativas en el agrado por la asignatura entre géneros.
Los hallazgos noruegos contrastan parcialmente con datos internacionales, como los observados en Nueva York, donde si bien las niñas superan académicamente a los niños, reportan menores niveles de felicidad escolar. Investigaciones previas en Estados Unidos han documentado que las mujeres jóvenes han logrado mayores avances académicos y de liderazgo desde la década de 1980.
Sigmundsson sugiere que para mejorar el bienestar general de todos los estudiantes, los sistemas educativos deberían incorporar más proyectos basados en la pasión y aumentar la actividad física. Los investigadores planean examinar el impacto de estas intervenciones curriculares en el bienestar estudiantil a futuro.
El estudio subraya la necesidad de considerar las diferencias biológicas y de comportamiento al diseñar estructuras educativas, especialmente en los primeros años de escolarización. La correlación entre sentirse seguro y disfrutar la escuela fue un elemento clave identificado por el equipo de la NTNU.