Un equipo internacional de científicos descubrió que los lirios de mar, o crinoideos, vivieron en aguas poco profundas de la Antártica antes y después de la extinción de los dinosaurios. La investigación, basada en fósiles hallados en la isla Seymour, demuestra que estos organismos resistieron el impacto del asteroide hace 66 millones de años. El estudio desafía la noción de que estos equinodermos desaparecieron de las zonas someras durante el evento de extinción masiva del límite Cretácico-Paleógeno.
La publicación apareció en la revista Gondwana Research y corresponde a una colaboración entre el proyecto PALEOCLIMA del Programa Antártico Brasileño y un proyecto de postdoctorado chileno. Los hallazgos documentan restos inequívocos en depósitos marinos someros tanto del Cretácico tardío como del Paleógeno temprano. Esto cierra un vacío de millones de años en la historia de este grupo en altas latitudes del hemisferio sur.
La investigación contó con la participación de Leslie Manríquez Márquez, investigadora del Laboratorio de Paleobiología de Antártica y Patagonia del Instituto Antártico Chileno. Su trabajo se enmarca en el proyecto de postdoctorado N°3230319 financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, destacando la inversión nacional en ciencia polar. La experta señala que el hallazgo es relevante por la presencia de estos organismos en aguas relativamente someras en una época globalmente crítica.
Manríquez explica que, mientras en muchas partes del mundo este grupo migraba hacia aguas más profundas o desaparecía, en la Antártica encontraron condiciones favorables. El estudio sugiere que los ecosistemas marinos de altas latitudes pudieron haber servido como lugares de refugio para ciertas especies durante la crisis climática. Esto indica que la Antártica funcionó como un refugio ecológico donde la supervivencia fue posible cuando otras regiones se volvieron desfavorables.
Hasta ahora, el registro fósil en la Antártica sugería que los crinoideos eran exclusivos del Paleógeno, el período posterior a la gran extinción. El nuevo estudio documenta restos en el Cretácico tardío, lo que cambia la comprensión de la biodiversidad en la región durante el Mesozoico. Los resultados indican que el desplazamiento hacia aguas profundas no fue un proceso uniforme a nivel global durante este período geológico.
Factores locales, como la estabilidad del fondo marino y la disponibilidad de alimento, habrían permitido que algunas poblaciones permanecieran en aguas someras. Durante gran parte del pasado geológico, la Antártica no era el continente completamente congelado que conocemos hoy. Sus mares eran más templados y formaban parte de ecosistemas dinámicos donde algunos grupos mantuvieron presencia por más tiempo.
El equipo analizó cómo se conservaron los fósiles para entender las condiciones del fondo marino cuando quedaron enterrados estos organismos. En algunos casos, encontraron restos con partes originales de esqueleto combinadas con minerales formados poco después de su enterramiento. Esto sugiere que estaban en ambientes con poco oxígeno, lo que facilita su conservación a lo largo de millones de años.
Bruna Poatskievick, investigadora del Instituto Tecnológico de Paleoceanografía y Cambio Climático de la Universidad UNISINOS en Brasil, lideró la investigación. Ella expresó que demuestra que los fósiles no necesitan estar excepcionalmente bien preservados para aportar información científica valiosa. Muchos de estos restos probablemente fueron observados antes, pero no recibieron mucha atención por no presentar una preservación perfecta.
Su estudio permitió confirmar que estos crinoideos ya estaban presentes en la Antártica antes del límite K-Pg, algo que hasta ahora era solo una hipótesis. El trabajo muestra que los ecosistemas marinos antárticos al final del Cretácico eran más diversos y complejos de lo que imaginábamos. Así, el estudio ayuda a llenar un vacío en el registro fósil y a conectar mejor las faunas del Cretácico y del Paleógeno en la región.
Este descubrimiento abre nuevas líneas de investigación sobre la resiliencia de los ecosistemas marinos en latitudes altas frente a cambios globales abruptos. Los científicos continúan analizando los depósitos de la isla Seymour para reconstruir con mayor precisión las condiciones ambientales del pasado. El hallazgo refuerza la importancia de la cooperación científica internacional para comprender la historia geológica de la región antártica.