La reciente divulgación de comunicaciones de Jeffrey Epstein relacionadas con la Estimulación Magnética Transcraneal (TMS) para supuestamente “borrar recuerdos” ha provocado reacciones globales, aunque expertos piden cautela ante las afirmaciones. Un análisis reciente, reportado por VarIndia, subraya la gran distancia entre las ambiciones pseudocientíficas del magnate y las capacidades técnicas actuales en 2026.
Epstein buscaba financiar un método para silenciar a víctimas mediante la eliminación selectiva de memorias específicas. Sin embargo, los neurólogos consultados afirman que la TMS, en su estado actual, carece de la precisión necesaria para ejecutar una “limpieza quirúrgica” de la memoria sin provocar daños cerebrales masivos e indiscriminados.
La imposibilidad técnica radica en la naturaleza distribuida de la memoria humana, que se organiza en complejas redes neuronales conocidas como engramas, y no en puntos localizados. La TMS moderna aplica campos magnéticos para estimular regiones corticales amplias, haciendo inviable aislar un recuerdo traumático sin afectar funciones básicas como el lenguaje o la motricidad.
Lo que Epstein consultaba se asemejaba más a la interrupción del proceso de reconsolidación de la memoria. Si bien es posible reducir la carga emocional asociada a un evento, práctica utilizada en el tratamiento del trastorno de estrés postraumático, el núcleo del suceso permanece accesible a la conciencia.
El análisis sugiere que Epstein consumía pseudociencia de élite, dispuesto a financiar cualquier proyecto que prometiera control absoluto. Los expertos indican que los científicos que aceptaron fondos probablemente entendían que los objetivos de “borrado total” eran inalcanzables con la tecnología disponible.
La preocupación real en 2026 no es la efectividad de esta técnica para encubrir crímenes, sino el riesgo de que el revuelo mediático desacredite el uso médico legítimo de la TMS. Esta herramienta sigue siendo fundamental y segura para tratar afecciones como la depresión resistente a tratamientos farmacológicos.
Independientemente de la eficacia técnica, el debate ha escalado al ámbito legal, impulsando la discusión sobre las futuras Leyes de Integridad Cognitiva. Las cortes internacionales ahora enfrentan el dilema de juzgar intentos de manipulación mental tecnológica, incluso si estos resultan fallidos.