Una ola de desinformación se propagó recientemente a través de plataformas digitales, impulsada por imágenes generadas por inteligencia artificial, afirmando que la NASA había detectado y confirmado la presencia de una segunda luna temporal orbitando junto a la Tierra hasta el año 2083. Estas publicaciones, que alcanzaron millones de visualizaciones en redes sociales como X y Facebook, mostraban representaciones visuales de nuestro planeta flanqueado por dos cuerpos celestes de tamaño comparable.
La confusión surge del descubrimiento realizado en julio pasado por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid. El objeto en cuestión, catalogado como el asteroide '2025 PN7' y detectado inicialmente por el telescopio Pan-STARRS1 en Hawái, posee una órbita particular que ha sido malinterpretada por el público general y los creadores de contenido digital.
Éric Lagadec, astrofísico del Observatorio de la Costa Azul, explicó a este medio que '2025 PN7' no califica como una luna. Una luna, por definición, mantiene una órbita ligada gravitacionalmente a un planeta, como nuestro satélite natural. El asteroide, en cambio, es clasificado como un 'cuasi-luna' o 'cuasi-satélite'.
Este cuasi-satélite realiza su órbita alrededor del Sol, pero su trayectoria se sincroniza de tal manera con la de la Tierra que crea la ilusión óptica de seguir a nuestro planeta. No está gravitacionalmente ligado a la Tierra y, por lo tanto, no influye en fenómenos terrestres como las mareas, a diferencia de la Luna.
La disparidad de escala es crítica para entender la magnitud del error. Mientras que la Luna posee un diámetro aproximado de 3.400 kilómetros, el asteroide 2025 PN7 mide escasamente 19 metros. La difusión de imágenes de IA que equiparan visualmente ambos cuerpos ha sido fundamental para cimentar la narrativa errónea, según Lagadec, quien advirtió que tales representaciones pueden alimentar teorías conspirativas sobre el satélite natural.
La base de datos de cuerpos menores de la NASA (SBDB) confirma que 2025 PN7 orbita el Sol. Este incidente subraya un desafío creciente en la era de la información: la rápida viralización de narrativas pseudo-científicas, a menudo amplificadas por herramientas de generación de imágenes sintéticas, que requieren una verificación rigurosa por parte de fuentes especializadas.
Aunque la existencia de objetos en órbitas cuasi-satelitales es un fenómeno astronómico real y documentado, la incorrecta denominación como 'segunda luna temporal' distorsiona la comprensión científica de las dinámicas orbitales en nuestro sistema solar. El hallazgo, aunque fascinante desde una perspectiva astronómica, ha sido distorsionado en el ecosistema mediático.