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30 may 2026 · Actualizado 09:31 a. m. UTC
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Los mercados energéticos mundiales en crisis tras el ataque de Israel al campo de gas South Pars

El ataque nocturno de Israel a las instalaciones iraníes en el campo de gas de South Pars ha desencadenado una violenta escalada regional, amenazando la seguridad energética mundial y provocando ataques de represalia inmediatos en todo el Golfo Pérsico.

Isabel Moreno

3 min de lectura

Los mercados energéticos mundiales en crisis tras el ataque de Israel al campo de gas South Pars
Israeli strikes on the South Pars gas field have caused global energy market turmoil.

Una escalada peligrosa

Las tensiones regionales alcanzaron un punto crítico durante la noche cuando las fuerzas israelíes llevaron a cabo una serie de ataques aéreos contra la infraestructura iraní vinculada al campo de gas de South Pars. Reconocido como el campo de gas natural más grande del mundo, la instalación es la piedra angular de la red energética nacional de Irán. El ataque ha sido calificado ampliamente como una escalada significativa en el conflicto en curso entre Israel e Irán, lo que ha provocado la condena inmediata de las naciones del Golfo.

Funcionarios en Omán han calificado el ataque como una “escalada peligrosa”, mientras que los Emiratos Árabes Unidos han advertido que la medida representa una amenaza directa para la seguridad energética mundial. Informes del Wall Street Journal indican que incluso el liderazgo estadounidense, incluido el presidente Donald Trump, ha expresado su oposición a seguir atacando la infraestructura energética iraní, ante el temor a una posible interrupción catastrófica de las cadenas de suministro mundiales.

La importancia estratégica de South Pars

South Pars es un enorme yacimiento de gas de 9.700 kilómetros cuadrados compartido por Irán y Qatar, cuya parte catarí se conoce como North Dome. Para Irán, el campo es un activo existencial; según la Agencia Internacional de Energía (AIE), aproximadamente el 80 por ciento de la electricidad de Irán se genera a partir de gas, cuya gran mayoría se extrae de South Pars.

Más allá del consumo interno, el campo es un salvavidas vital para los países vecinos. Irak, por ejemplo, depende del gas iraní para satisfacer hasta el 40 por ciento de sus necesidades energéticas. Tras el ataque israelí, los informes confirman que estas exportaciones han cesado mientras Teherán maniobra para desviar los suministros de gas restantes para uso doméstico, dejando a Bagdad frente a una crisis energética inmediata.

Represalias e inestabilidad regional

La respuesta de Irán al ataque ha sido rápida y agresiva. Los medios estatales iraníes han identificado las instalaciones energéticas en Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar como “objetivos directos y legítimos” de represalia. El impacto ya se está sintiendo: Qatar ha reportado daños extensos en su centro energético de Ras Laffan, y Arabia Saudita ha confirmado la interceptación de ataques con misiles y drones dirigidos a Riad y a infraestructura crítica de gas.

Estas hostilidades han bloqueado efectivamente el Estrecho de Ormuz, un punto de estrangulamiento crítico a través del cual pasa aproximadamente el 20 por ciento del suministro mundial de petróleo. Cientos de buques permanecen varados mientras la región se hunde en un conflicto energético más amplio.

Los límites de la logística alternativa

Dado que el Estrecho de Ormuz permanece efectivamente cerrado, el mercado mundial busca desesperadamente alternativas. Sin embargo, las realidades geográficas hacen que esta transición sea difícil. Las naciones del Golfo poseen casi la mitad de las reservas mundiales de petróleo crudo y el 40 por ciento del gas natural, pero transportar estos recursos sin acceso al Estrecho es una pesadilla logística.

Neil Quilliam, analista de Chatham House, señala que, si bien algunas naciones como Arabia Saudita están intentando redirigir el petróleo a través de oleoductos hacia el Mar Rojo, estas medidas son costosas, limitadas en escala e insuficientes para estabilizar los precios mundiales. “Es un espacio muy cerrado”, señaló Quilliam, destacando que la infraestructura actual no está equipada para sortear un bloqueo total del Golfo Pérsico. A medida que el conflicto continúa evolucionando, la economía mundial se enfrenta a un período de incertidumbre sin precedentes respecto a la seguridad energética.

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