Un Estado sin soberanía
A medida que la lucha regional entre Israel e Irán se intensifica, el Líbano se encuentra cada vez más marginado como Estado soberano, convirtiéndose efectivamente en el escenario principal de una guerra subsidiaria. En una reciente aparición en France 24, Ayman Mhanna, director ejecutivo de la Fundación Samir Kassir con sede en Beirut, destacó la precaria posición del gobierno libanés, el cual, según argumenta, es estructuralmente incapaz de ejercer control sobre su propio territorio.
Aunque el Estado libanés ha demostrado un nivel sorprendente de competencia administrativa en la gestión de la ayuda humanitaria y en la prevención de un colapso social total, Mhanna señala que esta eficiencia no se traduce en poder político. El problema central, según el analista, sigue siendo la incapacidad del gobierno para ejercer autoridad sobre actores armados no estatales, siendo Hezbolá el más notable. Este vacío de poder ha dejado las fronteras y la seguridad interna de la nación sujetas a los intereses estratégicos de potencias extranjeras en lugar de a la política nacional.
La crisis de legitimidad
Según Mhanna, la dependencia de actores no estatales para proyectar poder ha socavado gravemente la posición del Líbano en el escenario mundial. La incapacidad del Estado libanés para dictar su propia política de seguridad ha erosionado tanto su legitimidad interna —mientras los ciudadanos lidian con las consecuencias de una guerra que no eligieron— como su credibilidad internacional.
"El Líbano se ha convertido en el teatro de una guerra entre Israel e Irán", explicó Mhanna durante su conversación con la presentadora Nadia Massih. Al permitir que su territorio sea utilizado como un tablero de ajedrez para rivales regionales, la clase política libanesa ha renunciado efectivamente a su capacidad de acción. Esta dinámica hace que sea cada vez más difícil para la comunidad internacional tratar con el Líbano como una entidad unificada y soberana, ya que los verdaderos centros de poder operan fuera del marco tradicional del Estado.
Resiliencia humanitaria en medio del fracaso político
A pesar del sombrío panorama geopolítico, Mhanna reconoció la resiliencia demostrada por las instituciones libanesas frente a la inestabilidad constante. Señaló el notable éxito del país en la coordinación con organizaciones internacionales para distribuir ayuda humanitaria y sus esfuerzos para mitigar la fragmentación social que a menudo acompaña a conflictos tan intensos.
Sin embargo, estos éxitos solo mitigan los síntomas de un fracaso sistémico mucho más profundo. Mientras el Líbano siga siendo incapaz de ejercer soberanía sobre su territorio, continuará sufriendo las consecuencias de un conflicto dictado en gran medida por actores externos. La advertencia de Mhanna sirve como un recordatorio aleccionador de que, sin una restauración de la autoridad estatal, el pueblo del Líbano seguirá pagando el alto costo de una guerra que no es de su propia creación.