Las autoridades del estado de Lagos, Nigeria, iniciaron la demolición y quema de estructuras en Makoko, el mayor asentamiento informal a lo largo de la laguna, citando peligros relacionados con la expansión de las viviendas bajo líneas de alta tensión. Decenas de miles de residentes, incluidos familias como la de Anna Sobie, han sido desplazados de sus hogares construidos sobre pilotes de madera en la laguna.
Funcionarios estatales niegan las acusaciones de apropiación de tierras, defendiendo las acciones como necesarias para mitigar riesgos de seguridad que amenazan la vida de los residentes cerca de cables de alta tensión y obstruyen vías fluviales vitales. El gobernador Babajide Sanwo-Olu afirmó que la expansión descontrolada de los asentamientos representa un peligro inminente de catástrofe masiva.
Diez organizaciones no gubernamentales emitieron una declaración conjunta denunciando que equipos de demolición, acompañados por personal de seguridad armado, atacaron la comunidad, incendiando hogares con poco o ningún aviso previo. Las ONG sostienen que estas acciones forman parte de una "agenda siniestra para apoderarse de tierras valiosas para intereses de élite y megaproyectos privados".
La propiedad de la laguna sigue siendo un punto de disputa legal, ya que el gobierno estatal reclama soberanía bajo la ley federal, mientras que los residentes mayores argumentan derechos consuetudinarios que datan del siglo XIX, cuando se fundó la comunidad pesquera. Se estima que más de 3,000 hogares, además de escuelas y clínicas, han sido destruidos, desplazando a más de 10,000 personas.
Protestas por parte de residentes afectados, que incluyeron una marcha hacia la Casa de la Asamblea estatal, fueron recibidas con el uso de gas lacrimógeno por parte de la policía, según reportes de la comunidad. El gobierno se ha comprometido a investigar las alegaciones de muertes relacionadas con el uso de gas lacrimógeno durante las operaciones de desalojo.
Expertos en desarrollo urbano sugieren que la situación refleja la intensa presión inmobiliaria en una megaciudad con un déficit habitacional creciente, a pesar de mejoras en el suministro general de viviendas. La demanda por terrenos costeros en Lagos, considerada tierra 'prime', impulsa la especulación y el desplazamiento de poblaciones de bajos ingresos hacia los márgenes.
El gobierno ha prometido asistencia financiera y otras formas de apoyo a las familias afectadas, aunque el escepticismo persiste entre los residentes sobre la reubicación y el futuro de sus medios de vida basados en la laguna. La tensión entre el desarrollo urbano y la necesidad de vivienda asequible continúa siendo un desafío central para la administración de Lagos.