Investigadores del experimento Telescope Array, ubicado en Utah, confirmaron la detección de un rayo cósmico de energía ultra alta, denominado Amaterasu, con una energía registrada de 244 exaelectrones-voltios (EeV). Este evento sitúa a la partícula como la segunda más energética jamás registrada, solo por detrás de la partícula “Oh-My-God” detectada en 1991, según reportó fayerwayer.com.
La potencia de Amaterasu es significativamente mayor a las energías alcanzables por aceleradores terrestres como el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), lo que genera un desafío directo al Modelo Estándar de la física de partículas. El dato más desconcertante es la trayectoria rastreada de la partícula, que indica un origen en el Vacío Local, una zona del espacio caracterizada por una ausencia casi total de estructuras galácticas.
Debido a que partículas con esta magnitud de energía deberían viajar en trayectorias rectas, sin ser desviadas por campos magnéticos, los físicos concluyen que su fuente debe residir precisamente en esa región vacía. Esto plantea una disyuntiva crucial para la astrofísica actual: o existen fuentes astrofísicas invisibles de potencia inimaginable, o es necesaria una extensión de la física conocida.
Expertos sugieren que Amaterasu podría ser evidencia de fenómenos exóticos como defectos topológicos en el espacio-tiempo o el colapso de cuerdas cósmicas. Estas teorías, hasta ahora mayormente especulativas, podrían encontrar validación empírica a través de la energía extrema transportada por este rayo cósmico.
El hallazgo refuerza la importancia de observatorios dedicados a la astronomía de partículas, como el Telescope Array, que buscan expandir su capacidad de detección. La identificación de patrones en estos eventos raros permitiría mapear procesos cósmicos violentos que ocurren mucho más allá de la Vía Láctea.
Para la comunidad científica, este descubrimiento es análogo a observar una violación fundamental de las leyes físicas en un entorno natural. Mientras los laboratorios terrestres continúan sus esfuerzos, el cosmos demuestra ser el laboratorio definitivo para las energías más extremas del universo.
La detección de Amaterasu subraya cuánto queda por comprender sobre las fuerzas que rigen la estructura y evolución del cosmos. El análisis continuará buscando confirmar si la partícula proviene de una fuente puntual o si es un indicio de una física fundamental aún no teorizada.