Las recientes declaraciones del expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugiriendo que las tropas británicas y otros aliados de la OTAN mantuvieron una posición periférica en el conflicto de Afganistán, han generado una significativa controversia que trasciende lo meramente político, escalando a un plano diplomático y de sensibilidad conmemorativa.
Las palabras de Trump, emitidas en una entrevista, han sido recibidas con indignación en el Reino Unido. La respuesta oficial ha sido firme, pero la repercusión más notable provino del Duque de Sussex, el Príncipe Harry, un veterano de dos despliegues en la zona de combate. A través de un comunicado, el Príncipe Harry enfatizó que los sacrificios de los militares británicos, que sufrieron 457 bajas fatales, “merecen ser contados con veracidad y respeto”. Recordó que la invocación del Artículo 5 de la OTAN obligó a la solidaridad aliada tras los ataques de 2001.
El espectro político británico ha cerrado filas. El líder de la oposición, Sir Keir Starmer, calificó las afirmaciones de Trump como “insultantes y francamente atroces”, destacando el profundo dolor infligido a las familias de los caídos y heridos. La controversia se agrava por el historial personal de Trump, quien evitó el servicio militar en Vietnam, un contraste que ha sido señalado por críticos en Londres.
El eco de la indignación ha llegado a las familias de los afectados. Diane Dernie, madre de Ben Parkinson, uno de los soldados británicos más gravemente heridos en el conflicto, calificó las declaraciones como una “desgracia absoluta”, subrayando el costo humano duradero de la misión. Este episodio subraya la fragilidad de las relaciones transatlánticas cuando se tocan asuntos de seguridad y honor militar, forzando al gobierno británico a gestionar una fricción diplomática generada por comentarios personales.
Fuente: Adaptado de reportes del Reino Unido cubriendo declaraciones de LBC y fuentes oficiales.