La escalada de tensiones en torno a las políticas de detención migratoria en Estados Unidos se materializó el miércoles en Dilley, Texas, donde agentes de policía estatal emplearon gas lacrimógeno para disolver una protesta frente al Centro Residencial Familiar del Sur de Texas. Aproximadamente un centenar de manifestantes se congregaron exigiendo la liberación inmediata de Liam Conejo Ramos, un niño de cinco años originario de Minneapolis, detenido bajo el marco de la reciente ofensiva migratoria de la administración Trump.
Los manifestantes portaban pancartas que acusaban a las autoridades federales de aterrorizar a las comunidades. Christina Morales, funcionaria electa local, vinculó la protesta a una agenda política más amplia, pidiendo el cese de fondos a ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) y llamando la atención sobre las próximas elecciones de medio término. La respuesta de las fuerzas de seguridad de Texas, vestidas con equipo antidisturbios, incluyó el lanzamiento de botes de gas lacrimógeno, uno de los cuales impactó cerca de periodistas, incapacitando temporalmente a uno de ellos.
La indignación nacional se había disparado tras la difusión de imágenes del menor, vestido con un gorro azul de conejo y cargando su mochila escolar, mientras era retenido por oficiales que buscaban arrestar a su padre. Liam y su padre, Adrian Conejo Arias, ambos solicitantes de asilo de Ecuador, fueron detenidos el 20 de enero al llegar a su domicilio, después de que, según la directora de la escuela del niño, este fuera utilizado como "cebo" para atraer a los adultos.
Previamente, los congresistas demócratas Joaquín Castro y Jasmine Crockett inspeccionaron el centro, donde se encuentran recluidos más de 1,100 individuos. El congresista Castro ha insistido en que la familia Ramos se encontraba "legalmente en Estados Unidos" y reportó que el niño se encuentra deprimido y durmiendo en exceso debido al trauma. Un juez federal bloqueó temporalmente la deportación de la familia el martes.
El congresista Castro también ha exigido la liberación de todos los detenidos en la instalación, que es gestionada por una entidad privada. Subrayó la retórica presidencial, señalando que, si bien Trump afirmó que las redadas buscaban arrestar a "extranjeros criminales ilegales", no hay "ni un solo criminal" en Dilley, poniendo en tela de juicio la justificación de las detenciones masivas.
Este incidente subraya la creciente polarización en torno a la seguridad fronteriza y las prácticas de aplicación de la ley de inmigración en EE. UU., con repercusiones políticas internas significativas a medida que se acercan ciclos electorales clave. La fuente de esta información es France24.