Sobreviviente del Holocausto: 93 años de testimonio y dignidad
Lili Keller-Rosenberg, sobreviviente de Ravensbrück y Bergen-Belsen, comparte su historia con jóvenes desde hace cuatro décadas, transmitiendo lecciones de dignidad y resistencia.
Holocaust Survivor, 93, Continues Mission of Peace Through Testimony
En el Día Internacional de Conmemoración del Holocausto, la historia de Lili Keller-Rosenberg, de 93 años, resuena con particular fuerza. Durante más de cuatro décadas, esta sobreviviente francesa de origen húngaro ha dedicado su vida a transmitir su testimonio a las nuevas generaciones, convirtiéndose en lo que ella misma denomina una "mensajera de paz".Nacida el 15 de septiembre de 1932 en el norte de Francia, Lili creció en un hogar cálido en Roubaix. Sus padres, Charlotte y Joseph, habían emigrado desde Budapest buscando refugio en Francia, "el país de los derechos humanos", huyendo del antisemitismo que ya se manifestaba en Hungría."Siempre soy positiva", afirma Lili con una sonrisa que ilumina cualquier espacio. Su elegancia impecable - maquillaje cuidado, peinado perfecto y vestido escogido meticulosamente - no es casualidad. "Es una lección de dignidad", explica, una filosofía que aprendió en los campos de concentración.La infancia de Lili se truncó abruptamente. En junio de 1942, a los 10 años, fue obligada a portar la estrella amarilla de David. "No me impactó. Pensé que era bonita", recuerda. Sus padres intentaron proteger a sus tres hijos ocultándolos en familias diferentes en Tourcoing, con ayuda de un sacerdote local.Sin embargo, el 27 de octubre de 1943, a las 3 de la madrugada, la Feldgendarmería alemana irrumpió en su hogar. "Nos siguieron a todas partes, incluso al baño. Gritaban '¡Schnell, los!' (¡Rápido, vamos!)", relata Lili. Su hermano menor André, de apenas 3 años, tomó su juguete favorito - un pato de madera con ruedas - y siguió a los soldados.La familia fue trasladada primero a la prisión de Loos en Lille, luego a Saint-Gilles en Bruselas y posteriormente al campo de internamiento de Malines en Bélgica. El 13 de diciembre de 1943, fueron separados: Joseph fue enviado a Buchenwald, mientras Lili, su madre y sus hermanos fueron deportados a Ravensbrück."Tras un viaje atroz de cuatro o cinco días sin comer ni beber", llegaron al campo de concentración de Ravensbrück, el más grande para mujeres bajo el Tercer Reich. "Nos dieron una ducha rápida y fría. Nos raparon. Nos despojaron de nuestra humanidad", recuerda. Le asignaron el número de prisionera 25.612, cifras que permanecen grabadas en su memoria.En Ravensbrück, conocieron a otras mujeres francesas, principalmente resistentes, incluyendo a Geneviève de Gaulle, sobrina del General Charles de Gaulle. Mientras su madre era enviada a trabajos forzados, Lili cuidaba de sus hermanos menores. "Nuestro entretenimiento consistía en matar piojos. Estábamos cubiertos de parásitos", describe con crudeza.En febrero de 1945, con el avance soviético, fueron evacuados hacia Bergen-Belsen, conocido como "el campo de la muerte lenta". "Había cadáveres por todo el suelo. Teníamos que pisarlos para avanzar", recuerda Lili sobre su llegada a este campo en medio de una epidemia de tifus.La supervivencia de la familia se debió, según Lili, al amor inquebrantable de su madre. "Sin ella, estábamos perdidos. Era su presencia la que nos daba voluntad de vivir. Esperábamos su regreso cada noche, y entonces podíamos volver a respirar."Hoy, a los 93 años, Lili Keller-Rosenberg continúa su misión educativa, recordando que la dignidad humana puede preservarse incluso en las circunstancias más extremas. Su testimonio, documentado por France 24, representa una voz crucial en la preservación de la memoria histórica y la lucha contra el olvido.Fuente: France 24