La costa y el centro de Portugal se enfrentan a las secuelas de la tormenta Kristin, catalogada por el gobierno como un "evento climático extremo". Al menos cinco personas han perdido la vida a causa de inundaciones, deslizamientos de tierra y el impacto de escombros arrastrados por vientos huracanados, según reportes preliminares de las autoridades de protección civil. El fenómeno ha paralizado la movilidad y afectado infraestructuras vitales en varias regiones.
Las provincias de Leiria y Coimbra han sido las más castigadas, reportándose más de 3.000 incidentes relacionados con el clima. Se registraron ráfagas de viento que alcanzaron los 178 km/h en la base aérea de Monte Real, punto de entrada probable de la tormenta a territorio continental. La fuerza del viento provocó la caída de árboles y estructuras, resultando en víctimas fatales y heridos.
El impacto económico y logístico es significativo. Más de 850.000 usuarios quedaron sin suministro eléctrico, mientras que el transporte se vio severamente interrumpido. La principal autopista que conecta Lisboa con el norte quedó bloqueada por escombros, afectando las cadenas de suministro y la actividad comercial en el eje central del país. Además, diez zonas costeras estuvieron bajo alerta roja debido a un oleaje peligroso, con olas pronosticadas de hasta 14 metros.
Las autoridades locales han solicitado medidas drásticas. El alcalde de Leiria, Goncalo Lopes, comparó la destrucción con el impacto de un artefacto explosivo, instando al gobierno central a decretar el estado de emergencia para facilitar una recuperación acelerada. El Primer Ministro, Luis Montenegro, ha expresado condolencias y asegurado la movilización de recursos necesarios para la reconstrucción.
Tras su paso por la península ibérica, Kristin se ha desplazado hacia España, donde también ha generado graves trastornos, incluyendo nevadas, cortes de energía a cientos de miles de personas y el cierre de vías de comunicación, especialmente en las regiones del sur como Andalucía.
Este episodio subraya la creciente vulnerabilidad de la infraestructura europea ante fenómenos meteorológicos extremos, un patrón que economistas y aseguradoras advierten que requerirá mayores inversiones en resiliencia climática a futuro. La evaluación total de los daños materiales y el costo de la inactividad económica se espera en los próximos días. Fuente: Adaptado de reportes de medios internacionales.